
(Una reflexión en mi cumpleaños)
Hoy, el quinto sol de agosto vuelve al cielo,
y no lo mido en años que se han ido,
sino en círculos de fuego, en el anhelo
que ha forjado el mapa de lo que he vivido.
Cumplo un ciclo más, cartógrafo de hogueras,
y al mirar el relieve de mi historia,
no cuento ya las frías primaveras,
sino las brasas que alumbran mi memoria.
Hubo un tiempo de chispas en la piel,
de universos naciendo en una mirada,
y de incendios voraces, de fuego y miel,
donde cada frontera fue arrasada.
Y hubo un tiempo de andar sobre mis cenizas,
de aprender el lenguaje del vacío,
y aceptar que mis más hondas cicatrices
son el lecho donde nace un nuevo río.
Pero el Fénix no cuenta sus inviernos,
solo el fulgor con que renueva el ala.
El fuego que hoy me nombra, con sus fuegos eternos,
es esta hoguera serena que me instala.
Ya no es la llama que consume ansiosa,
ni el volcán que derrumba sus fronteras.
Es el calor que en calma se reposa,
la hoguera sabia que ilumina y que espera.
Que este nuevo retorno de mi sol me encuentre pleno,
con las manos abiertas, no al recuerdo,
sino a este fuego que enciendo, más sabio y más sereno.
Que me traiga no menos pasión, sino más luz en mi acuerdo.
Hoy no cumplo un año más.
Cumplo un fuego nuevo.
Al escribir «El Quinto Sol de Agosto», quise reflexionar sobre mi cumpleaños de una manera distinta. En lugar de simplemente contar los años que han pasado, elijo medir mi vida a través de los «círculos de fuego» que son mis experiencias y recuerdos. El fuego, para mí, simboliza mi crecimiento y mi capacidad de renovarme, evolucionando desde la pasión y los desafíos de mi juventud hacia una sabiduría más serena y tranquila a medida que envejezco.
